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Por qué las garantías de los gadgets deberían aprender de las de los coches

Por qué las garantías de los gadgets deberían aprender de las de los coches
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La garantía es más importante de lo que algunos consumidores pensamos. Su objetivo más evidente es protegernos frente a cualquier defecto de fabricación o de los materiales que no haya sido provocado por un uso inadecuado durante un período de tiempo concreto. Y esto es independiente del tipo de producto que hayamos comprado. Sin embargo, lo que a veces no tenemos en cuenta es que la duración del período de garantía es un indicativo bastante claro de la confianza que el fabricante tiene en la calidad global de su producto a medio, e, incluso, largo plazo.

La Ley de Defensa del Consumidor establece que los fabricantes deben ofrecernos un período de garantía de al menos dos años a partir de la fecha de entrega del artículo, que es la que aparece en la factura. Sin embargo, los fabricantes pueden ampliar las condiciones que marca la Ley si quieren ofrecer un servicio mejor a sus clientes. Curiosamente, las diferencias entre unos y otros son en ocasiones muy abultadas, lo que «delata» en gran medida la posibilidad de que se produzca un fallo de funcionamiento durante los primeros años de uso.

Así es la controvertida garantía de los gadgets

Los dispositivos de electrónica de consumo en general, y los gadgets en particular, son el «caballo de batalla» de muchos usuarios debido a que algunos fabricantes nos ofrecen garantías que parecen contravenir lo que dice la Ley de Defensa del Consumidor. No es en absoluto difícil encontrar el documento de garantía de un dispositivo electrónico en el que el fabricante ofrece una garantía de un año, un período claramente inferior a los dos años estipulados por la Ley. De hecho, esto es mucho más frecuente de lo que podemos intuir.

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Si nos encontramos en esta situación debemos tener presente que, diga lo que diga la garantía del fabricante, es la Ley la que prevalece, y, por tanto, contaremos con dos años completos de garantía. Cualquier defecto de fabricación o de los materiales que descubramos durante los primeros seis meses será considerado un defecto de origen. Sin embargo, es importante que tengamos en cuenta que cualquier fallo que percibamos durante los siguientes dieciocho meses no será contemplado como un defecto que ya estaba presente en el producto cuando lo compramos, por lo que es posible que el fabricante nos pida que demostremos que no ha sido provocado por una utilización inadecuada.

Algunos fabricantes optan voluntariamente por ampliar la garantía establecida por la Ley de Defensa del Consumidor, ofreciéndonos una cobertura más amplia que normalmente excede esos dos años previamente estipulados. Sin embargo, esta mejora es relativamente poco frecuente en el mercado de la electrónica de consumo y los gadgets, y, curiosamente, es mucho más habitual en el de los coches. Podemos pensar que son dos contextos que no tienen nada que ver, pero en realidad tienen mucho más en común de lo que parece.

Una garantía de siete años es posible

Lo que realmente hace diferentes a los coches que utilizamos hoy en día de los que usábamos hace una década, o más tiempo, no son sus componentes mecánicos, que esencialmente son los mismos. Los automóviles modernos incorporan numerosos sistemas electrónicos e informáticos diseñados para llevar a cabo tareas que hace tan solo dos décadas eran impensables. Gracias a la electrónica es posible optimizar el consumo de un motor moderno para, de esta forma, sacar el máximo partido posible a cada gota de combustible. Pero esta es solo la punta del iceberg.

Los sistemas electrónicos también han permitido a los fabricantes de coches mejorar la seguridad pasiva (airbags, cinturones de seguridad, etc.) y, sobre todo, la activa, que es la que puede ayudarnos a prevenir accidentes gracias a tecnologías como los sistemas de detección del ángulo muerto, el control de crucero inteligente o las técnicas de mantenimiento de carril, entre otras opciones. Y, por supuesto, la integración de elementos electrónicos e informáticos también nos permite disfrutar en nuestros coches hoy en día sistemas de navegación GPS, funciones de reconocimiento de voz, conexión a Internet mediante 3G y 4G, puntos de acceso inalámbrico WiFi, etc.

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Lo más curioso de todo esto es que los componentes electrónicos que han contribuido de una forma tan decisiva a mejorar nuestra experiencia cuando nos desplazamos en un coche moderno no son muy diferentes de los que podemos encontrar en el interior de un ordenador o de cualquiera de los gadgets que utilizamos en nuestro día a día. De hecho, recurren a sensores, procesadores capaces de realizar cálculos con una rapidez enorme, chips de memoria, sistemas de almacenamiento de datos, software, etc. Entonces, ¿por qué hay tanta diferencia entre las garantías que nos ofrecen los fabricantes de coches y los de gadgets?

No es sencillo encontrar una respuesta definitiva a esta pregunta, pero, dejando a un lado las diferencias que existen entre los escenarios de uso de los gadgets y los coches, podemos intuir que se debe a que los fabricantes de automóviles confían en que sus propuestas pueden ofrecernos un uso libre de fallos más prolongado que los responsables de nuestros gadgets. A pesar de que, como hemos visto, tienen más en común de lo que parece.

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La garantía asociada a un coche nos protege, al igual que la de los gadgets, frente a cualquier defecto de fabricación o de los materiales a lo largo de todo el período de tiempo especificado por el fabricante, que suele ser superior a los dos años que estipula la Ley de Defensa del Consumidor. Sin embargo, si necesitamos recurrir a ella debemos comprobar previamente no solo que el desperfecto no ha sido ocasionado por un uso inadecuado, sino también que no ha sido provocado por el desgaste natural derivado del uso habitual.

En estas condiciones lo más probable es que el concesionario en el que lo hemos comprado se haga cargo de la reparación sin problemas. De no ser así podemos dirigirnos al departamento de atención al cliente o posventa de la marca, y en última instancia podemos poner una reclamación que posiblemente dará inicio a una investigación cuya finalidad será determinar el origen del problema que hemos percibido en el coche para averiguar si debe ser cubierto por la garantía.

Llegados a este punto no estaría pero que nada mal que, en vez de asumir los dos años de garantía que exige la Ley de Defensa del Consumidor, los fabricantes de electrónica de consumo se pasen a los tres años de garantía estándar de los coches. O, mejor aún, a los siete años de tranquilidad que nos ofrece KIA, una garantía que, además, puede ser transferida sin problemas a otros propietarios del vehículo si decidimos venderlo antes de que transcurran los siete años de cobertura. Los usuarios lo agradeceríamos y tendríamos un argumento muy sólido para apostar por un producto y no por otro con una garantía inferior.

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