Rusia puso motores a reacción a sus drones para volar a 600 km/h: la respuesta de Ucrania ha sido darle ojos y cerebro a una ametralladora

Porque mientras los drones vuelan cada vez más rápido, los soldados tienen cada vez menos libertad para moverse

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Miguel Jorge

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Rusia ha encontrado una forma de complicar todavía más la defensa aérea de Ucrania: sustituir las hélices de algunos de sus drones de ataque por pequeños motores a reacción capaces de impulsarlos a velocidades cercanas a los 600 km/h. La aceleración ha reducido el tiempo disponible para detectarlos y derribarlos, obligando a Kiev a buscar soluciones cada vez más rápidas. La última: torretas robotizadas equipadas con ametralladoras de gran calibre, visión e inteligencia artificiales que ya han conseguido abatir estos aparatos. 

La velocidad como arma. Rusia está intensificando el empleo de drones equipados con pequeños turborreactores, una evolución de los modelos de hélice que llevan años atacando ciudades e infraestructuras ucranianas. Entre ellos destaca el Geran-5, capaz de alcanzar aproximadamente 600 km/h, una velocidad que reduce considerablemente la ventana de reacción de las defensas antiaéreas.

Según las cifras difundidas por Kiev, Rusia lanzó unos 350 drones a reacción en junio y elevó esa cantidad hasta los 2.800 en agosto. El problema se refleja en las tasas de interceptación: mientras los aparatos convencionales como el Geran-2 son derribados en más del 85% de los casos, los modelos a reacción presentan porcentajes de entre el 50% y el 70%, según la Fuerza Aérea ucraniana.

Una ametralladora con IA. La respuesta ucraniana consiste en desplegar torretas automatizadas capaces de localizar, seguir y disparar contra objetivos aéreos de gran velocidad. Yurii Ihnat, portavoz de la Fuerza Aérea, confirmó que estos sistemas ya han interceptado drones rusos a reacción, incluido el Geran-5, gracias al empleo de inteligencia y visión artificiales. 

Las armas incorporan ametralladoras de calibre .50, equivalentes a 12,7 milímetros, y permiten automatizar parte del proceso de adquisición y seguimiento de objetivos. Ucrania ya había presentado anteriormente el Sky Sentinel, una torreta con capacidades similares, aunque las autoridades no han identificado el modelo concreto responsable de las nuevas interceptaciones. Tampoco han detallado hasta qué punto la selección de objetivos y la autorización de disparo dependen de operadores humanos.

La batalla por Kiev. El presidente Zelenski anunció que más de una docena de estas torretas ya habían sido instaladas alrededor de la capital y que estaba previsto desplegar otras ocho en la región. Algunas se destinarán a proteger puentes que han sufrido multitud de ataques rusos, en medio de una ofensiva más amplia contra infraestructuras civiles. Su principal limitación es el alcance relativamente reducido de las ametralladoras, que obliga a situarlas cerca de los puntos que necesitan protección. 

Ucrania está complementando esta estrategia con drones interceptores cada vez más rápidos, algunos de los cuales también han conseguido destruir aparatos a reacción. Zelenski destacó el modelo Bars, al que atribuyó una tasa de derribos del 30%, una cifra que refleja las dificultades de interceptar objetivos que se desplazan a semejantes velocidades.

Donde los soldados apenas pueden moverse. La automatización también está transformando el combate terrestre. En determinados sectores del frente ucraniano, la concentración de drones de reconocimiento y ataque ha creado lo que los militares denominan kill zone, una franja de peligro que puede alcanzar los 50 kilómetros de profundidad. Cualquier desplazamiento de soldados, vehículos o equipos puede ser detectado y atacado, complicando incluso el empleo de armas tradicionales de corto alcance. 

Oleg Fedoryshyn, director de investigación y desarrollo del fabricante ucraniano DevDroid, explicó a Business Insider que sus clientes militares se encontraron con un problema especialmente concreto: utilizar lanzagranadas antitanque RPG exigía acercarse a posiciones donde la supervivencia del operador resultaba cada vez más difícil.

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Los RPG se suben a los robots. La solución que encontraron algunas unidades fue instalar esos lanzagranadas sobre vehículos terrestres no tripulados que ya transportaban ametralladoras. De esta manera, los robots pueden aproximarse a los objetivos y utilizar armamento de corto alcance mientras sus operadores permanecen alejados de las posiciones más expuestas. Según Fedoryshyn, una brigada solicitó experimentar con esta configuración y obtuvo resultados suficientemente satisfactorios como para que DevDroid comenzara a estudiar su incorporación a otros sistemas. 

La empresa Temerland también desarrolla una plataforma denominada Gnom-VP, equipada con dos lanzadores RPG-7 y capacidad para transportar otras armas. Esta adaptación permite mantener operativos sistemas de armamento convencionales en un campo de batalla donde acercarse físicamente al enemigo se ha convertido en uno de los mayores riesgos.

Una guerra que se actualiza como un móvil. Plus: la colaboración directa entre fabricantes y unidades de combate está acelerando de forma extraordinaria el desarrollo de nuevas capacidades. DevDroid mantiene un servicio de asistencia permanente para las unidades que utilizan sus robots y asegura que puede diseñar una modificación, probarla con una brigada y distribuirla al resto de sistemas desplegados en aproximadamente una semana.

Fedoryshyn compara este procedimiento con las actualizaciones de los teléfonos móviles y sus sistemas operativos. De hecho, contaban en Insider que los propios soldados proponen usos que inicialmente no habían previsto los fabricantes, desde instalar armamento adicional hasta emplear robots en situaciones que han terminado con militares rusos rindiéndose ante ellos. La prioridad consiste en adaptar rápidamente equipos relativamente baratos y reemplazables a las necesidades cambiantes del frente.

La nueva carrera de las máquinas. Lo hemos ido contando. Los dos desarrollos reflejan una transformación que está afectando simultáneamente al cielo y a la tierra. Rusia incrementa la velocidad de sus drones para dificultar su interceptación, mientras Ucrania incorpora sensores, algoritmos y armas robotizadas para reducir el tiempo de respuesta. En el frente terrestre, la proliferación de esos mismos drones está empujando a los soldados a transferir armas tradicionales a plataformas no tripuladas. 

El resultado es una disparatada carrera tecnológica en la que cada innovación obliga al adversario a encontrar una respuesta y donde la velocidad de adaptación industrial comienza a ser tan importante como las prestaciones del armamento. Si se quiere también, la paradoja es que, mientras los drones vuelan cada vez más rápido, los soldados tienen cada vez menos libertad para moverse, una combinación que está convirtiendo la automatización en una necesidad creciente para ambos ejércitos.

Imagen | United24, Picryl

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