El río Colorado es la vaca lechera del Norte de América. Tras 2.333 kilómetros de recorrido, atraviesa el suroeste de Estados Unidos y el noroeste de México antes de desembocar en el Pacífico. En su curso por EEUU abastece a siete estados, lo que supone más del 10% de su población. Tras décadas soportando la sequía, este año además ha habido un verano con temperaturas récord y un invierno con nevadas históricamente bajas. ¿El resultado? El 95% de su cuenca está en sequía, como recoge CNN.
En pocas palabras, el río Colorado está bajo mínimos y ha sucedido en el peor momento posible: cuando las normas que regulan el reparto de sus aguas están a punto de caducar.
No hay acuerdo. Las reglas vigentes de repartición expiran a finales de 2026 y mientras tanto, los siete estados que forman el Colorado River Compact no llegaron a un acuerdo para cerrarlo en el plazo previsto (en febrero), como recoge el Colorado Sun. Con este panorama, el gobierno federal impuso este verano su propio marco de gestión. Nevada respondió a este movimiento con una demanda.
No obstante, podría ser peor: dentro de Estados Unidos no hay quórum, pero hace unos días EEUU y Mexico firmaron las reglas de reparto para 2027 y 2028: México reducirá su consumo en unos 308 millones de metros cúbicos al año (más de 100.000 piscinas olímpicas, explica el Colorado Sun) cuando el nivel de los embalses sea bajo. A cambio, gana en flexibilidad para acumular agua hasta fin del plazo. Por su parte, EEUU se compromete a reducir el consumo de agua en 1.542 millones de metros cúbicos al año en los estados de Arizona, California y Nevada y a funcionar como banco de agua para México.
Por qué pasa. Ya hemos visto algunos datos de su acuciante sequía, con sus dos mayores embalses (los lagos Mead y Powell) en mínimos históricos que no se veían desde 1957. Pero hay dos problemas de base más: el destino de ese agua y cómo se gestiona el agua. De todo el agua del río Colorado, el 74% va destinada a la agricultura, como detalla este paper reciente. Y de esta, casi la mitad se va al cultivo de alfalfa y otros forrajes para ganado. Más concretamente, el 47% del agua que se extrae del río acaba alimentando a las vacas.
Un dato: la alfalfa representa un 0,2% del PIB de Utah, pero se lleva el 68% del agua disponible, explica esta columna de opinión del Salt Lake Tribune que invita a dejar el agua correr. ¿Por qué actúa Utah así viendo el percal? En pocas palabras: porque puede, según los antiquísimos derechos del agua del oeste (en el sentido más western de la palabra), que datan de la época de los colonos del siglo XIX. Se rigen por la "apropiación previa": quien llega primero y reclama el agua, tiene preferencia hasta el final de los tiempos.
El conflicto entre estados. Así, mientras que los estados de la cuenca baja del colorado (California, Arizona y Nevada) ya se han comprometido a recortes significativos como los anteriormente mencionados, los de la cuenca alta (Colorado, Utah, Nuevo México y Wyoming) se niegan a asumir reducciones. ¿Los motivos de su no? Cuenta el New York Times que según la cuenca alta, la cuenca baja consume más de lo debido (argumentan que California y Arizona llevan años sobreconsumiendo) y defienden su derecho legal histórico.
Pequeños parches para mientras. Ya hay varias localidades que han empezado a actuar en vista de lo que se les viene encima. Phoenix está promoviendo programas de reciclaje de agua, Las Vegas está quitando jardines para reducir el consumo y en Utah están subiendo las tarifas para quienes más consumen.
Recordemos que uno de los grandes problemas de fondo es el gasto en la agricultura. Pues bien, hay programas para pagar a los agricultores para dejar sus tierras en barbecho e iniciativas para mejorar la eficiencia de riego, como este de California o este otro de Arizona. Casi todas las iniciativas provienen de la cuenca baja, por lo que sea. Aunque estas medidas reducen el consumo de agua, siguen siendo insuficientes frente a la realidad de la cuenca y ese consumo agrícola desmesurado.
¿Qué pasa si no se llega a un acuerdo? Si para fin de año no hay acuerdo, el Departamento de Interior de EEUU ya ha demostrado que está dispuesto a imponer un marco de gestión unilateral como ya ha hecho este verano ante el bloqueo, aunque esto genere tensiones. O que el asunto acabe en los tribunales, pudiendo dilatarse durante décadas, lo que generaría incertidumbre a la ciudadanía, agricultura o las industrias que necesitan el agua del Colorado.
En cualquier caso, que no se llegue a una decisión global en la estrategia de consumo que tenga en cuenta ese complicado equilibrio entre las necesidades de abastecimiento, las actividades y la realidad del cambio climático puede desembocar en que los embalses sigan bajando. Y si eso pasa, ya hay una advertencia sobre la mesa: para 2027 el lago Powell puede dejar de ser capaz de generar electricidad.
En Xataka | En Estados Unidos hay un increíble río que hace lo que parece imposible: desafiar las leyes de la gravedad
Portada | JC Falcon
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