Los gases venenosos parecen un arma de lo más moderna, pero no: hace más de 2.000 años ya los usaban en Grecia

Plumas, fuego y humo: así resistió Ambracia el asedio de los romanos

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Eva R. de Luis

Editor Senior

Donde hoy está Arta, en la Antigua Grecia existía una próspera polis llamada Ambracia. La ciudad, situada al noroeste del país, vivió su época dorada cuando Pirro la convirtió en la capital del Reino de Epiro: tenía palacios, teatros y templos... pero hoy no queda casi nada. Los romanos la asediaron y en ese episodio aparece uno de los casos más antiguos y mejor documentados del uso de un gas tóxico como arma en la historia militar.

El humo como gas tóxico. Aquí no hay yacimientos recién excavados que desvelen este uso, sino que es una cita de una obra de la época la que ha desvelado la existencia de armas químicas: el historiador griego Polibio en su obra 'Historias', libro 21, capítulo 28. Allí narra cómo durante el asedio romano, los defensores de Ambracia respondieron a los intentos de los invasores de salvar sus murallas excavando túneles subterráneos con una ocurrencia que generaba uno de los gases tóxicos más primitivos para la humanidad: el humo del fuego.

Así, colocaron estratégicamente una vasija de barro con un embudo de hierro relleno de plumas finas, encendieron fuego junto a la boca del recipiente y lo taparon con una cubierta de hierro perforada, canalizando la salida de gases hacia el túnel excavado por los atacantes. Con un fuelle, soplaron con fuerza para avivar las llamas e intoxicar a aquellos romanos que llegaban hasta allí por la galería. 

Contexto. Corría el año 189 a.C. cuando durante la guerra de Roma contra la Liga Etolia, la ciudad de Ambracia fue asediada siguiendo las órdenes cónsul romano Marco Fulvio Nobilior. Los ambracios y sus murallas resistieron el asedio, así que los romanos recurrieron a una técnica habitual para atacarles: cavar galerías subterráneas para o bien dañar los cimientos o atravesarlo por debajo. 

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Qué pasó después. El propio Polibio narra que los legionarios quedaron atrapados en una situación muy angustiosa: el humo era insoportable y no había forma de detenerlo (habían colocado lanzas). Este ingenioso dispositivo cumplió su misión, obligando a que el cónsul romano y los mandos etolios se sentaran a negociar y dilataran el desenlace. 

Pese a su ingenio y resistencia, Ambracia cayó en la decadencia: se rindió a Marco Fulvio Nobilior y sufrió algunos saqueos. Después, fue saqueada a conciencia por Emilio Paulo en 167 a.C.  y finalmente su población quedó bajo mínimos cuando Augusto trasladó forszosamente a sus habitantes a la vecina Nicópolis, fundada tras la victoria romana en Actium. Para el siglo II d.C., el viajero e historiador Pausanias solo encontró un lugar cubierto de hierba.

En detalle. Lo que Polibio define en esencia es un generador de humo irritante: la combustión de plumas en un recipiente cerrado provoca un humo denso y nocivo que, concentrado en un área cerrada y con escasa ventilación, puede provocar asfixia y llegar a ser letal. No hace falta más. 

Aunque visto en perspectiva los ambracios usaron los efectos tóxicos del humo como arma, advierte la historiadora Adrienne Mayor que estas prácticas antiguas no se entendían en su época bajo la categoría de arma química, sino como un recurso más de ingenio bélico frente a un enemigo superior.


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Portada | Hush Naidoo Jade Photography y Constantinos Kollias


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