Durante los últimos cinco años los hitos en el ámbito de la fusión nuclear se están sucediendo cada pocos meses. Los reactores experimentales JET (Joint European Torus), que está alojado en Oxford (Inglaterra); Wendelstein 7-X, que está instalado en uno de los edificios que tiene el Instituto Max Planck para la Física del Plasma en Greifswald (Alemania); o el experimento NIF (National Ignition Facility) del Laboratorio Nacional Lawrence Livermore, situado en California (Estados Unidos), nos han dado muchas alegrías.
La última buena noticia llega desde Francia. Como os hemos explicado hace apenas unas horas, el reactor experimental WEST (W-tungsten Environment in Steady-state Tokamak) operado por el consorcio EUROfusion en la localidad de Cadarache ha conseguido sostener la estabilidad del plasma durante 1.337 segundos. Nada menos que 22 minutos. Es un récord mundial en el ámbito de la fusión nuclear. De hecho, ha superado en un 25% el reciente récord del reactor chino EAST (Experimental Advanced Superconducting Tokamak), que está ubicado en Heféi, una localidad de la provincia de Anhui.
WEST acaba de dar a ITER el espaldarazo que necesita
Veintidós minutos puede parecer muy poco tiempo, pero en las arenas movedizas con las que lidian los investigadores que trabajan en la fusión nuclear es muchísimo tiempo. Y lo es porque el plasma a altísima temperatura (hasta 150 millones de grados Celsius) que contiene los núcleos de deuterio y tritio involucrados en la reacción de fusión es inherentemente inestable. Las estrellas tienen a su favor su titánica masa, y, por tanto, su gravedad, para sostener de forma natural las reacciones de fusión incluso con una temperatura mucho más baja. Pero aquí, en la Tierra, ejecutar con éxito la fusión nuclear es un auténtico milagro.
Todos los reactores de fusión que recurren al confinamiento magnético sacarán partido al conocimiento entregado por WEST
Cada vez que un rector experimental consigue sostener las reacciones de fusión durante más tiempo, la humanidad se acerca un poco más a la utilización comercial de esta tecnología para generar electricidad. WEST está estrechamente vinculado a ITER (International Thermonuclear Experimental Reactor), la máquina de fusión mediante confinamiento magnético que está siendo construida por un consorcio internacional liderado por Europa en la localidad francesa de Cadarache. Todos los reactores de fusión que emplean esta forma de confinamiento sacarán partido al conocimiento entregado por WEST, pero el más beneficiado será ITER.
Y lo será porque la estrategia utilizada por los investigadores que operan este tokamak francés podrá ser aplicada en ITER, presumiblemente con las mejoras que llegarán en el futuro. El logro más importante de WEST es, precisamente, el recurso utilizado por sus técnicos para estabilizar el plasma. A grandes rasgos lo que han hecho es inyectar en él una potencia de 2 MW empleando una antena de calentamiento del plasma mediante ondas de radiofrecuencia con el propósito de originar una corriente capaz de estabilizarlo. Y ha funcionado.
Además, los componentes de tungsteno que están expuestos directamente al plasma han soportado la altísima temperatura y la acción de los neutrones de alta energía. Este excelente resultado nos invita a mirar hacia el futuro de WEST con un optimismo muy razonable. Los investigadores que operan esta sofisticada máquina esperan incrementar la potencia de calentamiento del plasma hasta alcanzar 10 MW (cinco veces más potencia que en el experimento del que estamos hablando en este artículo), así como sostener la fusión durante un periodo de al menos 1.000 segundos. En ITER estas condiciones permitirán obtener, al menos sobre el papel, una potencia de fusión del orden de gigavatios.
Imagen | EUROfusion
Más información | EUROfusion
Entrar y enviar un comentario