Una parroquia en Galicia ha llenado su cementerio de códigos QR. El problema es quién mantiene este sistema

Creíamos que las lápidas solo guardaban nombres. Ahora empiezan a guardar vidas enteras en un QR

Cementerio
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Isra Fdez

Colaborador

Es una de las parroquias más desconocidas de Pontevedra, un pueblito que ha ido desnudándose de habitantes hasta quedarse con apenas 700. Hablamos de Cerpozones (Cerponzóns), cerquita de la localidad de Alba o Tilve, el rincón del norte donde han querido dar un curioso paso para preservar su propia historia: colocar códigos QR (quicktime response) en las lápidas del cementerio. Escaneas una lápida en Galicia y te aparece una vida.

Acto de restitución lingüística”. La Asociación Veciñal O Chedeiro ha sido la responsable de reformular el texto habitual que puede encontrarse en las lápidas del cementerio de San Vicenzo. ¿Por qué? Porque quieren que las generaciones más lejanas, bisnietos y tataranietos, puedan descubrir qué historia hay tras los nombres grabados en el mármol. Leer el pasado para entender el presente.

El primer QR se estrenó en el panteón familiar de Juan José Esperón-Recarey, vecino, escritor y secretario de la asociación. El escaneo abre un enlace directo al blog 'O Roque de Cerponzóns', donde se documenta la vida de esta familia atravesada por la emigración, las labores agrícolas, la sociabilidad en las tabernas y la historia cotidiana de la parroquia. En este blog se puede descubrir la vida, por ejemplo, de Jesús Recarey Lorenzo, conductor y cobrador de tranvía que dedicó una vida a la movilidad diaria, o Carmen Recarey Cochón, dueña de la taberna de los Rons, el centro social de la parroquia.

Cerponzóns también ha sido recientemente titular de varias noticias por el documental ‘Unha maleta de cartón’, como parte de una iniciativa para preservar la memoria y descubrir la historia de esta parroquia. La familia ya cambió las inscripciones de las lápidas del castellano al gallego y esta vez querían hacer algo especial, inspirados en la Asociación de Funcionarios para la Normalización Lingüística de Galicia, que propone usar los QR con información en gallego sobre los fallecidos para recordar nombres y vivencias. Mucho mejor que un D.E.P.

Cuando la tumba es una interfaz

Cementerio Eidos 07

Por irónico que parezca, este movimiento de Pontevedra rima con otras muchas acciones llevadas a cabo en la otra punta del mundo. En Japón, la empresa funeraria Ishi no Koe (literalmente “La voz de las piedras”) ha desarrollado lápidas de mármol con QRs embebidos que dan acceso a webs con fotos, vídeos, testimonios familiares y registros de quién visita la tumba y cuántas veces se ha escaneado dicho código. Estas lápidas de alta tecnología rondan los 10.000 dólares.

Y lo mismo con los columbarios automatizados en China: en ciudades como Shanghái, Shenyang o Fujian, los cementerios llevan años ofreciendo pegatinas QR en las lápidas que, al ser escaneadas, muestran obituarios, fotos, vídeos y música del difunto, en el contexto del Día de Limpieza de Tumbas (Qingming) y de una cultura creciente de “salas de duelo virtuales”. Bueno, y las velas están tan automatizadas que se encienden solas por la noche.

En Europa también podemos encontrar ejemplos similares en esta adaptación a los tiempos. Dinamarca fue de las pioneras: en 2012, una empresa de lápidas comenzó a ofrecer placas de porcelana con códigos QR de acceso a biografías dentro del cementerio de Roskilde. El servicio costaba unos 100 euros y se vendía como forma de preservar historias locales y hacer más interesante la visita al camposanto.

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Recuerdo, de hecho, en una visita a Berlín que sus tres cementerios judíos ya contaban con sistemas similares para poder seguir las oraciones como si fuera un karaoke, e incluso algunos albañiles estaban cambiando o reparando los códigos por placas más robustas. Aunque es fácil considerarlo un experimento para entender el duelo digital.

En Reino Unido hay decenas de empresas como Digital Gravestones o StoneCode Lite que venden paquetes de digital memorials. Estos incluyen página web con fotos, biografía, línea de tiempo, localización del cementerio en Google Maps, libro de condolencias y placa QR o etiqueta NFC resistente a la intemperie, con modelos clásico, minimalista o moderno y hosting de uno a cinco años. Ahí es nada.

Lo cierto es que un epitafio fácil de leer posee una impronta que no puede sustituir un código QR. Sin embargo, creativos como el historiador Frederick Meza, diseñador de Memorial QR, consideran que esta es una forma más útil y práctica de documentación, archivo, y también para fomentar el necroturismo y la pedagogía histórica de personajes relevantes: dignatarios, exalcaldes, artistas y fundadores de partidos, etcétera.

¿Demasiados datos para un lugar de duelo?

Codigo Qr

Canciones, poemas y libros de condolencias digitales, este modelo también abre un debate: ¿qué pasa con la privacidad? Que cualquiera pueda escanear y acceder a esa información puede incomodar a ciertos familiares que prefieran preservar y reservar su pasado. Sin embargo, la digitalización de los cementerios ha sido algo imparable tras la pandemia.

En España, los cementerios, con sus cipreses y sus coronas de flores, son lugares extremadamente silenciosos donde rara vez se viola cierto umbral de decibelios. Está claro que los códigos QR no son solo un gadget, sino una forma de ampliar la tumba desde el nombre‑fecha al relato completo, algo muy útil para anclar biografías a contextos locales, lenguas minorizadas o genealogías familiares que antes se perdían en papeles dispersos.

La parroquia de Cerponzóns ha sabido gestionar su relato mediante su blog, pero las fricciones siguen ahí: ¿quién decide qué se cuenta y quién lo lee? O, más específicamente: ¿qué pasa cuando un cementerio público se vuelve un archivo accesible a cualquier curioso, es seguro? Queda conocer cómo se gestionan las contraseñas y qué será de la continuidad técnica para contrastar si de verdad los biznietos y tataranietos sabrán de sus antepasados sin entrar en enlaces rotos de aquí a 50 años.

Imágenes | Unsplash (Brett Jordan, Waldemar Brandt), Turismo del Concello de Redondela

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